sábado, 18 de julio de 2009

Centinela urbano

Cuando despertamos el domingo no había una sola nube cubriendo el cielo, en la calle hojas, viento suave, quietud.
El vendedor de diarios pasó con su canasto vacío y su bicicleta impecable, sin ruido de cadenas.
Los perros del barrio dormían tirados al sol y los gatos dentro de sus casas, en algún rincón inaccesible.
Los ancianos del lugar estaban en la iglesia, los jóvenes llegaron muy tarde la noche anterior como para interrumpir la mañana con sus voces.
Sobre los pisos alfombrados no se escuchaban pasos, la luz entraba sigilosa por la puerta, abundante por nuestra ventana, giré debajo de las sábanas, aparté la almohada de tu mejilla, entonces parpadeaste…una guerra civil se había desatado en tus ojos.

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